XXX Coloquio ACISE 2019 | Presentación
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1. PRESENTACIÓN DE LA TEMÁTICA DEL COLOQUIO

La Asociación Católica Internacional de Instituciones de Ciencias de la Educación (ACISE), grupo sectorial de Educación de la Federación Internacional de Universidades Católicas (FIUC), celebra su XXX Coloquio anual sobre el tema La formación inicial de los futuros profesores. Encuentros y desencuentros, durante los días 24 a 27 de abril de 2019, en la sede de la Universidad Pontificia Comillas (Madrid, España).

La formación de los futuros profesores es un reto al que se enfrenta una gran mayoría de universidades católicas que ofrecen estudios de Educación.

Aunque su ejercicio profesional requerirá una permanente actualización y perfeccionamiento por parte de los docentes, el equipamiento básico con el que puedan salir de la universidad conformará en buena manera su manera de concebir y enfrentarse a la educación en sus diversos niveles y modalidades. No resulta fácil avizorar qué necesitarán estos profesores en formación y, por ende, los estudiantes con los que ellos trabajen en un horizonte que puede extenderse casi cuatro décadas tras la finalización de sus estudios universitarios; de ahí la importancia del empeño.

El Coloquio pretende analizar el tema desde cuatro áreas complementarias: el binomio tradición-innovación; la interpelación de las múltiples realidades en las que se educa y se educará; la relevancia de la comunidad educadora y, finalmente, la relación con el Otro, con lo otro. En cada uno de estos ámbitos pueden producirse encuentros y desencuentros de carácter productivo y destructivo en ambos casos. La antinomia introducida en el título abre la perspectiva a una concepción de la educación (de la formación de futuros profesores) algo más divergente, dando cabida a lo que de positivo y de negativo puede estar presente tanto en el “encontrarse” como en el “desencontrarse”.

Se describen a continuación con algo más de detalle los cuatro subtemas.

2. SUBTEMAS DEL COLOQUIO

A. Eje 1: Encuentros y desencuentros entre tradición e innovación

Consideremos el proceso educativo desde una doble perspectiva triangular: por un lado, se deben contemplar las finalidades educativas, los contenidos científicos y los contextos de aprendizaje; por otro, más específico, los objetivos didácticos, las actividades de enseñanza-aprendizaje y los procesos de evaluación. La eficacia educativa tiene mucho que ver con la alineación que exista entre cada uno de los tres vértices de cada triángulo por separado y de los dos entre sí.

Este proceso educativo puede ponerse en marcha de muchas maneras, pero casi siempre ha de resolver el dilema entre lo que tiene que permanecer y lo que debe ser cambiado con vistas a cumplir la misión esencial de la educación, el desarrollo completo de la persona que se educa.

¿Cómo compaginar lo valioso de la tradición educativa (católica) con lo valioso que aportan las nuevas perspectivas metodológicas y tecnológicas? ¿Qué lugar debe ocupar el acervo cultural generado por la humanidad precedente en el nuevo contexto digital y profesionalizante de la educación?

B. Eje 2: Encuentros y desencuentros con las realidades educativas

Los futuros profesores se forman con vistas a poder ejercer como docentes lo antes posible en alguna institución educativa. En el periodo de su formación realizan sus prácticas de enseñanza en colegios en los que se encuentran con un determinado tipo de contextos, relativamente similares a los que se van a encontrar cuando ejerzan ya de profesionales. ¿A qué experiencias educativas están expuestos los futuros profesores en su formación inicial? ¿En qué medida estas inserciones en la realidad profesional permiten romper, mantener o fortalecer las convicciones que sobre la educación traen a la universidad? ¿Permiten estas prácticas de enseñanza abrir nuevos horizontes o perpetúan la burbuja educativa en la que han vivido desde pequeños?

Por otro lado, un futuro educador debe percibirse como agente de cambio, como alguien que está contribuyendo al desarrollo social y personal (compromiso ético) y para ello, debe ser sensible a todo tipo de realidades, hacerse cargo de las realidades y “cargar” con ellas. ¿Está contribuyendo la formación inicial de futuros profesores en las universidades católicas a encontrarse con las “otras” realidades, cercanas y más lejanas en las que podrían desarrollar su actividad profesional? ¿Hasta qué punto nuestros estudiantes tienen contacto con contextos marginados sea porque se hacen presentes en la universidad, sea porque están implicados en ellos? ¿Cómo llevar a cabo una formación que vaya más allá de la mera adquisición de buenos conocimientos y buenas competencias docentes?

C. Eje 3: Encuentros y desencuentros en la comunidad docente

No cabe concebir la actividad educativa desde una óptica solitaria o incluso solipsista. La eficacia educativa depende también del impacto que consigue el grupo, el equipo, la institución, la comunidad educativa. La metodología educativa preuniversitaria, especialmente en los primeros niveles de enseñanza, ha cultivado con cierta frecuencia la coordinación entre profesores, el trabajo en grupo y la realización de proyectos conjuntos. Sin embargo, en el ámbito universitario, parece predominar el esquema profesor/materia/grupo de clase, considerado como unidad de intervención privilegiada desde el que orientar la acción educadora.

No resulta fácil compaginar esta perspectiva individualista de la enseñanza universitaria con otra que tenga en consideración la fuerza y el impacto del grupo, del equipo docente, de la institución vista a través de las personas con las que los estudiantes se topan en su día a día formativo. Se puede sostener que “el mensajero es el mensaje”, pero cabría afirmar también que la comunidad docente

y la institución educativa son también el mensaje. ¿Cómo conciliar la acción individual docente con el impacto que puede derivar de la fuerza del colectivo? ¿Cómo elaborar y poner en práctica un proyecto educativo de formación de maestros propio de las universidades católicas que tenga un elevado consenso entre el equipo docente? ¿De qué manera se puede promover un trabajo cooperativo entre el profesorado? ¿Cabría una estructura docente universitaria que trascendiera el diseño hora/profesor/clase/pasillo/grupo?

D. Eje 4: Encuentros y desencuentros con el Otro, con lo otro

Todas las universidades y centros de Educación Superior integrados en la ACISE y en la FIUC (Federación Internacional de Universidades Católicas) gozan de un prestigio razonable, a veces muy elevado, en las sociedades en las que operan. Como menciona el informe “Las culturas de los jóvenes en las universidades católicas” (FIUC, 2014, págs. 70 y 71), hay tres grupos de factores que motivan la elección de nuestras universidades: en primer lugar, lo académico (buena reputación y preparación académica de excelentes profesionales), que explica un 49,5% de la varianza total; en segundo lugar, lo “ambiental”, lo relacionado con la atención personal, el ambiente sano, posibilidades de actividades extra y las buenas instalaciones, lo que explica un 12,9% de la varianza total; finalmente, en el tercer factor encontramos lo que denominan “incidencias indirectas”, entre las que se encuentra, entre otros, el hecho de “ser una universidad católica”.

La dimensión religiosa, espiritual y pastoral está sin duda presente en la formación de futuros profesores, tanto de forma explícita (clases de “religión” en sus diversas formas, actividades litúrgicas, encuentros, convivencias, retiros…) como implícita a través de las múltiples acciones que se desarrollan en nuestras universidades, sea en las propias clases o en el área del aprendizaje-servicio, por ejemplo. Sin embargo, cabe repensar la intensidad, calidad, variedad e impacto que este tipo de propuesta formativa llega a tener en nuestros estudiantes. Evidentemente, se trata de proponer, de presentar, de ofrecer una visión de la vida que no desdeña la relación con Dios y que puede incorporarla además como fuente de su ser y de su hacer. ¿Podría repensarse el papel que la formación religiosa cristiana ocupa en la formación de los futuros profesores? ¿Cómo hacer compatible la convicción asertiva de la fe y el respeto inclusivo de la increencia? ¿En qué medida resulta suficiente la DECA, o sus similares en otros países, para proveer a los estudiantes de profesores de unos conocimientos y competencias en el área de la enseñanza de la religión? ¿Cómo contribuir desde la formación inicial del profesorado al diálogo entre las religiones?